Florentino vs Riquelme
La pelea entre Florentino Pérez y Enrique Riquelme no va solo de nombres. Va de dos pulsiones muy distintas: credibilidad contra ilusión.
Florentino representa el expediente. La gestión probada. El presidente que puede decir: “yo ya lo hice”. Siete Copas de Europa bajo su mandato, el argumento de la estabilidad económica, la promesa de que el club seguirá siendo de sus socios, y una propuesta deportiva que, según AS, pasa por Mourinho y Konaté como primeros golpes de campaña. También ha acudido al notario para reforzar su mensaje de que el Madrid seguirá siendo de sus socios.
Las elecciones del Real Madrid han recuperado algo que parecía casi arqueología institucional: dos candidatos, campaña real y socios con la palabra. No es poca cosa. El club votará el 7 de junio y serán las primeras elecciones desde 2006. Es decir: muchos madridistas han visto más Champions que urnas. Así de normal era la “normalidad”. (Diario AS)
¿Por qué votaría alguien a Florentino? Por seguridad. Porque, ante una promesa espectacular pero dudosa, muchos socios preferirán la trayectoria. Porque el Madrid con Florentino ha ganado, ha fichado estrellas y ha mantenido poder institucional. El problema es evidente: el continuismo también envejece. Y Mourinho, para una parte del madridismo, no suena a futuro; suena a volver a abrir un cajón con olor a naftalina y rueda de prensa incendiaria.
Riquelme, en cambio, representa la sacudida. Ha entendido algo básico: después de tantos años de florentinismo, una parte del socio quiere sentirse escuchada, no administrada. Su discurso toca fibras sensibles: Raúl, Hierro, Rodri, Haaland, Ciudad del Socio, no vender el club, devolver poder al socio. En términos emocionales, su campaña tiene pólvora. Y el anuncio de Haaland fue un misil directo al corazón del madridista que todavía cree que las elecciones se ganan prometiendo imposibles.
El problema es que el misil le puede haber explotado en la mano. AS recoge que Rafaela Pimenta y Alfie Haaland negaron el acuerdo tras el anuncio de Riquelme, y que el City calificó de falsas las informaciones sobre el futuro del jugador, incluso valorando acciones legales por el uso de su imagen.
Ahí entran los comentarios de los usuarios, que son un termómetro ruidoso, no una encuesta científica. Pero el ruido también dice cosas. Hay un bloque que compra la ilusión: “Rodri-Haaland vs Mourinho-Konaté” genera más entusiasmo que el regreso de Mou; otros ven a Riquelme como la oportunidad de romper una etapa demasiado larga.
Pero el tono dominante en los comentarios huele más a sospecha que a fe. Se repiten ideas como “humo”, “farol”, “vendehumo”, “no tiene nada firmado” y “comprar votos”. Muchos no critican que Riquelme quiera fichar a Haaland; critican que lo use como reclamo sin enseñar una prueba clara del jugador, del agente o del club.
La comparación con Figo aparece constantemente. Sus defensores dicen: “a Florentino tampoco le creían”. Sus críticos responden: “la diferencia es que aquello estaba atado y esto parece una promesa ante notario sin jugador”. Y ahí está la clave: la épica electoral solo funciona si después aparece la realidad. Si no, se llama humo. Con escudo, pero humo.
¿Por qué votaría a Riquelme? Si creyera que el Madrid necesita alternancia, debate, transparencia y aire fresco. Su mayor mérito es haber obligado al florentinismo a moverse, a explicarse y a prometer por escrito cosas que antes parecían intocables. Eso ya es sano. Una institución sin oposición acaba creyendo que la historia le pertenece por derecho divino.
¿Por qué votaría a Florentino? Si priorizara la solvencia sobre la promesa, el historial sobre la camiseta enseñada en televisión y la capacidad de gestión sobre el impacto mediático. Pero con una condición moral: votar continuidad no puede significar votar barra libre. El Madrid no puede convertirse en una monarquía de palco con asamblea decorativa.
Mi conclusión es clara: no, no está bien conseguir el voto a cualquier precio. Ni prometiendo fichajes imposibles, ni usando notarios como si fueran confeti institucional, ni regalando cuotas como si el socio fuera un cliente de Black Friday.
El voto no se compra. Se merece.
Y en un club como el Real Madrid, prometer grandeza no basta. Hay que demostrar que no estás vendiendo una fantasía con dorsal.
Porque una cosa es ilusionar al socio.
Y otra muy distinta es tratarlo como si se fuera a creer cualquier cosa con tal de ver escrito “Haaland” en una camiseta blanca.



